La luz de la luna llena seguía bañando la habitación en una claridad plateada, pero dentro de ese refugio blindado el aire ya se había vuelto denso, febril y cargado de una electricidad cruda.Enzo se cernió sobre ella con una devoción hambrienta. Pero antes de bajar, se detuvo. Un segundo, solo para mirarla, para memorizarla, para grabar en los huesos cómo se veía Luciana bajo la luna, con el pelo desparramado en la almohada como una corona oscura, con los ojos brillando, con los labios entreabiertos, con el pecho subiendo y bajando rápido.—Dios, qué hermosa eres —murmuró Enzo con la voz rota, acariciándole la mejilla con el dorso de los dedos, despacio, como si tuviera miedo de mancharla con sus manos curtidas—. Cómo es posible que estés aquí conmigo.—Porque te elegí —susurró ella, girando la cabeza para besarle la palma.Esas palabras le llegaron a Enzo directo al pecho. Cerró los ojos, las dejó entrar y cuando los abrió, ya no era solo deseo lo que ardía en ellos. Era gratitud,
Dernière mise à jour : 2026-09-11 Read More