Las linternas de los perseguidores barrían las húmedas paredes del túnel, haciendo que sus sombras danzaran con ferocidad sobre el suelo embarrado. Lucía se desplomó, acunando la cabeza de Mateo, que colgaba inerte sobre su regazo. La respiración de Mateo era corta y burbujeante; la sangre empapaba la camiseta que vestía. —Mateo, por favor, no te rindas ahora —sollozó Lucía. Sus manos, temblando violentamente, intentaban presionar la herida en el abdomen de Mateo con las pocas fuerzas que le quedaban. El pesado sonido de unas botas resonaba en el pasillo, cada vez más cerca, trayendo consigo un penetrante olor a muerte. De repente, una mano agarró con firmeza el brazo de Lucía. Una voz profunda y familiar cortó el silencio sepulcral. —Sube. ¡Rápido! Lucía levantó la vista; sus ojos, nublados por las lágrimas, se fijaron en el hombre que los arrastraba hacia un SUV negro aparcado tras una grieta oculta. Rafael Ortiz. Su mejor amigo. Su primer amor. El hombre lucía tenso, con la
Última atualização : 2026-10-10 Ler mais