Al final, la tormenta no vino de una decisión deliberada de Miguel de aclararlo todo con ella, sino de algo mucho más pequeño: un frasco de pastillas fuera de lugar, de todas las cosas, que estaba donde no debía sobre el lavabo del baño, y la rabia particular y absurda de las pequeñas cosas que rompen una presa que los asuntos más grandes no habían logrado mover.Él le había preguntado, de forma simple y suave, si había movido su dosis de la noche; y Luna, exhausta tras días de caminar sobre cascarones de huevo, le espetó que no era su enfermera para que la interrogara por un frasco de pastillas. Algo en la mezquindad de la respuesta, la absoluta desproporción entre la pregunta y el veneno de su contestación, finalmente rompió cualquier restricción cuidadosa que él hubiera estado manteniendo desde que le bajó la fiebre.—Tienes razón —dijo él, y su voz no tenía nada del agotamiento plano al que ella casi se había acostumbrado estos últimos días. Ahora tenía un filo, afilado por algo q
Última actualización : 2026-07-29 Leer más