OLIVIA El bolígrafo pesaba como si estuviera hecho de plomo, pero yo llevaba puesta mi mejor expresión de muñequita dócil: sonrisa discreta, mirada enamorada y una paciencia que William jamás habría confundido con lo que realmente era. Hambre de justicia. Sobre el escritorio descansaban dos carpetas. Una contenía el acuerdo que mi abogado y yo conocíamos; la otra, las modificaciones que William había decidido presentar justo antes de la firma. —Son unas precisiones, nada más —dijo, acomodándose los gemelos—. Para evitar malentendidos. Claro. Y las serpientes solo daban abrazos largos. El notario aguardaba junto a los abogados de William. El mío, sentado a mi lado, revisaba las páginas nuevas con una concentración que empezaba a preocuparme. Cuando tomé el bolígrafo, carraspeó. —Un momento, por favor. La sonrisa de William se mantuvo intacta. —¿Ocurre algo? —Necesito revisar tres disposiciones incorporadas a última hora —respondió mi abogado. Se inclinó hacia mí y deslizó el
Last Updated : 2026-08-20 Read more