Salí de casa con las llaves todavía calientes en la mano y el corazón golpeándome las costillas como si quisiera adelantárseme. No miré el reloj. No pensé en el trabajo del día siguiente ni en los papeles que seguían encima de la mesita. Solo en la dirección que conocía de memoria, la que nunca había borrado del todo.El coche de Lorenz no estaba en su sitio habitual. Subí los tres pisos de dos en dos, sin esperar al ascensor. Cuando llegué al rellano, la luz del pasillo parpadeaba. Me detuve frente a su puerta. La misma puerta que había cerrado tantas veces detrás de mí cuando todavía compartíamos la misma cama, la misma vida, el mismo silencio cómodo.Toqué, pero nadie abrió. Volví a tocar, más fuerte. El eco se perdió en el pasillo vacío. Saqué el móvil y lo encendí. La pantalla se iluminó con notificaciones acumuladas, ninguna de él. Marcé su número, pero sonó, sonó, sonó. Luego el buzón de voz, esa voz tan conocida y tan distante«Hola, soy Lorenz. Déjame un mensaje.»Colgué sin
Última actualización : 2026-09-03 Leer más