Los días en Ámsterdam se convirtieron en semanas sin que nos diéramos cuenta.Emilian pidió unos días libres del proyecto. Yo extendí las vacaciones con una llamada rápida al despacho, donde Lorenz ya había dejado todo aclarado. Caminamos por los canales al atardecer. Desayunamos en cafés pequeños con ventanas empañadas. Hablamos de todo lo que no habíamos podido decir durante el año de distancia: de Tomás, de los miedos, de las noches en las que cada uno había creído que el otro ya había seguido adelante. Y entre conversación y conversación, nos redescubrimos. No como los jóvenes de veinte años que una vez fuimos, sino como dos adultos que por fin podían elegir sin culpa.Cuando regresé a casa, Emilian me acompañó.El reencuentro con Tomás fue suave, casi natural. Mi bebé, que ya caminaba con seguridad y decía palabras sueltas, lo miró con curiosidad desde mis brazos. Emilian se agachó a su altura, le ofreció un dedo para que lo agarrara y le habló en voz baja, sin prisas. Tomás lo e
آخر تحديث : 2026-09-29 اقرأ المزيد