CAPÍTULO 82: La calma quebrada. Nicolás Russo El sol matutino se filtraba por las rendijas de las cortinas, iluminando la habitación con destellos dorados que danzaban sobre la piel blanca y hermosa de mi mujer. La noche con mi ángel había sido única, un viaje febril e inolvidable donde ambos nos sumergimos en el éxtasis del placer, amándonos sin reservas, sin sombras y sin secretos hasta que su cuerpo quedó completamente agotado. Se había entregado a mí sin condiciones, borrando las mentiras que aquellas dos víboras intentaron meter en su cabeza. Solo había descansado un par de horas, pero no quería moverme. La sostuve y la sostengo entre mis brazos, adorando cada uno de sus rasgos delicados, la línea suave de su mandíbula, las pestañas oscuras reposando sobre sus mejillas. Todo en ella me derrite y me desarma. Sentía cómo un instinto de posesividad feroz, primario, se afianzaba aún más en mis entrañas. Era mía. Mi pequeño ángel era mío en cuerpo, mente y alma. Recordar cómo
最終更新日 : 2026-09-29 続きを読む