La penumbra de la habitación de Fiorella estaba tibia, envuelta en el tenue aroma a lavanda y el rítmico pitido del monitor cardíaco.Pero ella no dormía.Tenía los ojos fijos en el techo, velados por una capa de lágrimas brillantes que resbalaban silenciosamente hacia sus sienes.Al escuchar los pasos de Giovanni, giró la cabeza con lentitud sobre la almohada. Su rostro, pálido y fatigado, reflejaba la fragilidad de quien ha rozado la muerte con la yema de los dedos.Gio se quitó el chaleco, lo dejó sobre una silla y se acercó a la cama. Se hincó a su lado, en la misma postura devota que se había vuelto su refugio, y buscó su mano pequeña.— ¿Por qué no descansas, pequesaurio? — preguntó en un murmullo suave, acariciándole el dorso de los dedos con la yema del pulgar — El médico dijo que nece
Última actualización : 2026-08-20 Leer más