El olor a amoníaco tóxico, mezclado con la lluvia helada que azotaba el Muelle Cuatro, hacía que el aire fuera casi irrespirable.Giovanni no esperó a que los paramédicos desplegaran la camilla por completo, levantó el cuerpo desmayado de Fiorella contra su pecho, estaba helada, frágil como un pájaro de cristal con las alas rotas. La mancha de sangre fresca en el mameluco azul le quemaba la camisa al contacto.— ¡Abran paso, maldita sea! — rugió Giovanni, saliendo a trompicones hacia la luz grisácea del amanecer.— ¡Dámela! — bramó Valerio, atravesándose en su camino con los ojos fuera de las cuencas, los nudillos en carne viva y la ceja abierta derramando sangre sobre su rostro — ¡El hospital central de la Banca Vitale tiene el mejor equipo de emergencias, y estamos a unos minutos— ¡Apártate o te a
Última actualización : 2026-08-25 Leer más