En la recámara me desvistió como siempre, lento y deliberado, acallando lo último de la vieja vergüenza antes de que pudiera asomarse siquiera. Me bajó el vestido por los hombros y lo dejó caer a mis pies.Retrocedió un paso para mirarme, y la intensidad de su atención me dejó clavada en mi sitio. Siete meses, más llena y más pesada de lo que había estado nunca, la panza redonda y prominente frente a él. Él lo miraba todo como un hombre al que le han entregado algo que no se había atrevido a desear.—Cada vez —dijo, con la voz ronca—. Cada vez me deja sin aliento. —Sus manos se posaron sobre la curva de mi vientre, bien abiertas, oscuras contra lo pálido—. Él tenía esto. Te tenía a ti, así, gestando a su hija, y apartó la mirada. No lo voy a entender mientras viva, y ya me cansé de intentarlo. Su ceguera es lo más afortunado que me ha pasado.Me desabrochó el brasier y me lo quitó. Mis pechos quedaron libres, más pesados por el embarazo de lo que nunca habían estado, sensibles de una
Dernière mise à jour : 2026-09-25 Read More