Marcelo miró al amigo de forma fría. — ¡Es ella!— respondió cerrando el puño. La música cambió de nuevo, más lenta, más envolvente, con un ritmo grave que vibraba en el suelo y subía por las piernas. Milena giró en el centro del escenario y fue en ese movimiento cuando lo vio; él estaba allí. Sentado en una de las mesas laterales, postura rígida, mirada fija, demasiado intensa para confundirse con curiosidad casual. Marcelo no pestañeaba. No desviaba. No respiraba con naturalidad. El mundo de ella se silenció. Por un segundo, el miedo llegó primero. Un miedo real, crudo, de haber sido descubierta, de no poder sostener la mentira que iba a contar. De ver en los ojos de él desprecio o indiferencia. Pero casi en el mismo instante, otra sensación se sobrepuso. Adrenalina. El tipo de energía que recorre el cuerpo entero y transforma vulnerabilidad en poder. Podría haber fingido no verlo, inventado una excusa y salido del escenario, pero no interrumpió el baile. Al contrario. Caminó
Última atualização : 2026-09-11 Ler mais