El aire en el salón apestaba a humedad y a la colonia barata de su padre. Elena estaba de rodillas, con las manos temblando sobre el cuello frío de su madre, buscando un latido que se sentía demasiado lejano. —Mamá, por favor... no te atrevas a dejarme —rogo en un susurro, mientras las lágrimas le limpiaban la mugre de las mejillas—. Mírame. Abre los ojos, por favor. Un gemido ahogado fue la única respuesta. La mujer apenas logró entreabrir los párpados, fijos en el techo. —Él... él lo hizo, Elena... —alcanzó a balbucear con un hilo de voz, antes de que un espasmo de dolor le cortara la respiración—. Corre... vete... —No me voy a ir sin ti. ¡No otra vez! —gritó Elena, perdiendo los papeles mientras presionaba la herida de la cabeza con la manga de su camisa empapada. El tejido blanco se tiñó de un rojo esbocado al instante—. Voy a pedir ayuda. Quédate conmigo, mírame a mí, mamá. ¡Mírame! De pronto, los pasos pesados de los paramédicos resonaron en el porche, rompiendo la mad
Last Updated : 2026-07-30 Read more