Nathaniel Scarlett sonrió y tiró suavemente de mi mano. La seguí hacia la habitación sin apartar los ojos de ella ni un solo segundo. Caminaba de espaldas, manteniendo nuestros dedos firmemente entrelazados, balanceando las caderas con esa mezcla deliciosa de seguridad arrolladora y nerviosismo que me hacía arder la sangre en las venas. Al cruzar la puerta, Scarlett se detuvo. La luz dorada de la mañana entraba a través de las cortinas, bañando su figura entera. Tenía el cabello revuelto cayendo sobre los hombros, los labios hinchados y enrojecidos por los besos que nos habíamos dado en el pasillo, y una vulnerabilidad pura en los ojos que jamás le había visto en la oficina. Ya no era la farsa, ni la asistente provocadora que usaba su sonrisa como un escudo para tener el control. Era Scarlett. La mujer que me había destrozado las defensas hasta enamorarme por completo. Soltó mi mano y apoyó ambas palmas en mi pecho, deslizándolas lentamente hasta el cuello de mi camisa.
Última atualização : 2026-09-02 Ler mais