Mi padre había concertado ese matrimonio para mí. Si llegaba a enterarse de que Leon me había humillado de esa manera, ese hombre estaría acabado.No quería complicarle las cosas a Leon. Si demostraba un arrepentimiento sincero, tal vez consideraría dejar pasar el asunto. Hubo dos segundos de silencio. Luego se escuchó una risa seca y fría por el altavoz.—¿Quieres una explicación? ¿Por qué tendría que dártela?Leon hablaba con desprecio, como si se dirigiera a una sirvienta.—Rosalina, yo decido quién será mi esposa. Tú solo tienes que presentarte en el registro civil y firmar los papeles. ¿Te quedó claro?—Leon, ¿no te parece un poco absurdo dejar que otra mujer ocupe mi lugar en nuestra boda? —dije con voz firme, a pesar de la furia que crecía en mi interior—. Puede que nunca nos hayamos visto en persona, pero sigo siendo tu futura esposa. Al menos deberías mostrarme un poco de respeto en vez de...Antes de que pudiera terminar, cortó la comunicación. El pitido de la llamada termina
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