La tensión no había bajado en todo el día. Cada mirada, cada roce de sus manos, cada palabra que se dijeron en las calles de Roma llevaba cargada esa electricidad que los unía sin que pudieran evitarlo. Y esa noche, tras una cena tranquila y una película que apenas vieron, la atmósfera se volvió densa, cálida, inevitable. Fue Katya, con las mejillas encendidas y el corazón latiéndole desbocado, quien se acercó a él y le susurró casi sin voz:—¿Jugamos?Maksim no dudó ni un segundo. La atrajo hacia sí con suavidad, rozando sus labios con los de ella.—Juguemos, esposa mía. Pero advierto… no sé perder.Los besos empezaron lentos, dulces, explorándose con calma, pero pronto se volvieron ardientes, hambrientos, como si llevaran toda la vida esperando este momento. Uno a uno, fueron quitándose las prendas, despacio, sin prisa, cada prenda que caía era una barrera menos entre ellos. Quedaron finalmente solo en ropa interior, y Maksim no intentó ocultar lo mucho que la deseaba: la miraba con
ปรับปรุงล่าสุด : 2026-08-31 อ่านเพิ่มเติม