Samuel retiró la mano a regañadientes, con el rostro visiblemente tenso.—Vaya, señor Salazar. Sí que le queda lejos eso de que "le quedaba de paso".Adrián lo ignoró por completo, tomó las llaves que Valeria llevaba en la mano y dijo con tono seco:—Vamos.Samuel chasqueó la lengua por lo bajo y se quedó tranquilamente al lado de Valeria.Durante el camino de regreso, Samuel iba sentado en el asiento trasero, hablando sin parar de todo lo que había pasado en el extranjero.—Vale, no te imaginas lo descarado que era aquel subastador. ¡El muy cínico quería colarnos una pieza falsa! Pero me di cuenta a tiempo y lo dejé en evidencia delante de todos.Valeria lo escuchaba y de vez en cuando le respondía algo.Mientras tanto, Adrián conducía con la mirada fija al frente, sin decir una sola palabra.Cuando estaban por llegar al centro de la ciudad, Valeria dijo:—Samuel, te reservé un hotel en el centro, cerca de la casa de subastas. Así te queda más cómodo para…—¿Un hotel? —la interrumpió
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