—¡Sí, las tomé yo y las filtré yo! ¿Y qué? —gritó Camila levantando la cabeza de golpe, con la cara empapada en lágrimas—. Dime, ¿con qué derecho me pides cuentas? ¿Es que ya no te importo un carajo?—Te la pasas diciendo que la odias, que ella y su padre lo arruinaron todo. ¿Pero y tú? Guardas su diario bajo llave en la caja fuerte como si fuera un tesoro, y te lo pasas sacándolo a medianoche para releerlo a solas y revivir lo que tuvieron. ¿Te crees que no me doy cuenta?Ella dio un paso al frente, acorralándolo:—Dímelo de una vez, ¿todavía no la olvidas? ¿Cada vez que me miras, piensas en ella? Si es así, ¿para qué estás conmigo? ¿Para burlarte de mí? ¿Te sube el ego verme andar tras de ti como una idiota?La arremetida lo dejó en blanco.Abrió la boca para intentar defenderse, para decirle que no era así, que si conservaba el diario era simplemente porque olvidó deshacerse de él...—Yo... —alcanzó a decir, con la garganta seca.En ese instante, la puerta de la oficina se abrió de
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