La tarde se iba apagando, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y grises sobre los amplios jardines traseros de la mansión. Ezequiel había aceptado salir un momento al aire libre, empujando con paciencia las ruedas de su silla por los senderos de piedra, intentando despejar su mente. Adriana lo acompañaba de cerca, caminando a su lado con una gracia calculada, decidida a acortar distancias. Al llegar junto a la fuente, donde el agua murmuraba en la penumbra del crepúsculo, Adriana se detuvo frente a el. Inclinó el torso, posó una mano suave en la mejilla de Ezequiel y, antes de que él pudiera reaccionar, se inclinó para besarlo en los labios. Ezequiel se tensó de inmediato. Aunque sus instintos del pasado intentaron responder al contacto de la mujer que había amado antes del accidente, algo en su interior se sintió extraño, ajeno. Con firmeza, levantó las manos y apartó los hombros de la mujer con delicadeza, deteniéndola. —Adriana, no. Detente —murmuró Ezequiel, apartand
Last Updated : 2026-08-26 Read more