El reloj marcaba las cuatro de la tarde cuando Aria salió de la universidad. Tal como lo había prometido, el sedán negro de los Lombard ya la esperaba junto a la acera. Morgan se inclinó con respeto en cuanto la vio acercarse y le abrió la puerta. —Buenas tardes, señora Aria. —Buenas tardes, Morgan —correspondió ella mientras se acomodaba en el asiento trasero. El coche arrancó con suavidad, incorporándose al tráfico denso de la ciudad. Durante los primeros minutos reinó el silencio, pero las manos de Aria, aferradas con fuerza a la correa de su bolso, delataban la tormenta que llevaba por dentro. No podía seguir cruzada de brazos esperando que la verdad cayera del cielo. Tenía que empezar a averiguar sobre la trampa de aquella noche en el hotel o la situación terminaría por asfixiarla. Giró el rostro hacia la ventanilla, respiró hondo y tomó una decisión impulsiva. —Morgan... ¿podríamos hacer una parada antes de volver a casa? —preguntó con la mayor naturalidad posi
Last Updated : 2026-10-22 Read more