El aire se congeló en los pulmones de Aria. Su padre la miró. Por primera vez en meses, sus ojos se clavaron en los de ella, llenos de una desesperación egoísta. Roberto Stelle tragó saliva, se aclaró la garganta y se giró hacia la imponente mujer que seguía de espaldas. —Beatriz... por favor, concédenos dos minutos a solas con mi hija —pidió Roberto con la voz quebrada—. Necesitamos hablar con ella. Beatriz Lombard no se giró. Solo hizo un leve ademán con su mano, dándoles permiso sin emitir una sola palabra. Su silencio dejaba claro que no le importaban los métodos familiares, sino el resultado. Roberto tomó a Aria del brazo con firmeza y la arrastró hacia el fondo del despacho, cerca de una puerta lateral que conectaba con una sala de juntas contigua, lo suficientemente lejos para que los demás no escucharan los detalles. —Aria, tienes que hacer esto —le pidió Roberto en un susurro desesperado, apretándole el antebrazo—. Tienes que firmar ese maldito contrato. Es la úni
Última atualização : 2026-08-10 Ler mais