Camila,El timbre retumbó con una insistencia desquiciada.Me limpié las lágrimas como pude, convencida de que era Damián regresando a pedir disculpas. Corrí a la entrada y abrí la puerta sin pensar.El aire se me congeló en los pulmones. Era Mariana.—Miren nada más a la mosquita muerta —escupió, empujándome el hombro para colarse en el recibidor—. La santita que se las da de víctima... ¡Eres una perra rompehogares, Camila!—Mariana, sal de aquí ahora mismo —advertí, retrocediendo un paso para proteger el acceso a la habitación de mi hija—. Voy a llamar a seguridad.—¡Llama a quien te dé la gana! —gritó fuera de sí, agitando unos pliegos de papel a milímetros de mi rostro—. ¡Míralo bien! ¡El resultado dio noventa y nueve punto nueve por ciento!Dio un paso amenazante hacia mí, con los ojos fuera de orbita.—Damián es el padre del hijo que llevo aquí dentro —escupió, golpeándose el vientre—. ¡El hombre que tú me robaste! ¿No te da vergüenza?—Tú y Damián ya estaban destruidos antes de
Última actualización : 2026-09-07 Leer más