Renata terminó la llamada, la pantalla de su móvil se oscureció y durante varios segundos permaneció exactamente igual, sentada, con la taza entre las manos, mirando su propio reflejo sobre el móvil.“Dos cunas”: esas dos malditas palabras no paraban de rondar su mente; Gio había armado dos cunas.—Qué estupidez —murmuró.Dejó la taza, se levantó, caminó hasta la ventana; Nueva York seguía ahí, inmensa, ruidosa, indiferente. Había escogido aquella ciudad porque necesitaba distancia, porque quedarse cerca de todos después de lo ocurrido le parecía imposible, porque no quería mirar a su hermana embarazada.Había huido a ese lugar porque no quería ver cómo Giovanni se había convertido en el esposo de su hermana, no quería escuchar opiniones, recibir compasión, no quería que cada que alguien la viera, le preguntara si estaba bien.Por eso se había ido, y durante un tiempo creyó que irse significaría dejar las cosas atrás, pero las cosas no funcionaban así. Las cosas viajaban, llegaban en f
Last Updated : 2026-10-03 Read more