Serafina contó las monedas por tercera vez, no porque esperara que al hacerlo apareciera alguna nueva entre sus dedos, sino porque a veces los números podían cambiar si uno los miraba con suficiente desesperación, o eso quería creer.Una moneda, otra, dos pequeñas más; las acomodó sobre la palma de su mano mientras la cajera esperaba frente a ella.—Falta un poco —dijo la mujer.—Sí, ya sé.Serafina volvió a revisar el bolsillo de su abrigo, nada; metió la mano en el otro, nada, solo encontró un recibo viejo, una liga para el cabello y una moneda tan pequeña que durante un segundo sintió una alegría absurda.La puso junto a las demás; la cajera revisó.—Todavía falta.Serafina cerró los ojos un instante; detrás de ella había gente esperando, lo sabía porque podía sentirlo, no necesitaba mirar. El silencio de una fila detenida tenía una forma particular de pesar sobre la espalda. Miró lo que había comprado; no era demasiado: pan, leche, un paquete pequeño de pasta, unas frutas, un produ
Last Updated : 2026-10-05 Read more