Serafina había imaginado muchas veces lo que haría si alguno de los niños enfermaba de gravedad. Eran pensamientos que llegaban por las noches, cuando el cansancio no bastaba para vencer sus preocupaciones y permanecía despierta escuchando la respiración de Leo y Nico. En esas ocasiones siempre terminaba diciéndose que, si algo sucedía, encontraría la manera de resolverlo; había aprendido a hacerlo con tantas otras cosas que la posibilidad de fracasar ni siquiera encontraba un lugar entre sus alternativas. Sin embargo, aquella tarde, sentada en una pequeña sala de espera con Leo recostado contra su pecho, descubrió que había problemas para los cuales no bastaba con trabajar más horas, gastar menos dinero o renunciar a algo que deseaba. Su hermano tenía dolor, y ella no sabía cómo quitárselo. —¿Falta mucho, Fina? —preguntó el pequeño, moviéndose apenas sobre sus piernas. —No lo sé, cariño, ya nos van a llamar. —Quiero ir a casa. Serafina le apartó el cabello de la frente; estaba l
Última actualización : 2026-10-15 Leer más