Dos días después, la iglesia volvió a quedar en silencio tras la última misa de la tarde. El padre Elías apenas había dormido desde la primera confesión de Sophia. Cada noche se tumbaba en su pequeña cama de la rectoría con la polla dura y filtrando, luchando contra el impulso de acariciársela mientras las palabras de ella se repetían en su cabeza. Se dijo a sí mismo que no la vería de nuevo. Asignaría a otro sacerdote si ella volvía.Pero cuando la puerta del confesionario se cerró con un clic del lado del penitente aquella noche de jueves, se quedó exactamente donde estaba.—Bendíceme, daddy… Padre —dijo Sophia, la voz ya espesa de calor—. He pecado otra vez.Elías se agarró al borde del banco.—Continúa.—Intenté hacer la penitencia que me diste. De verdad que lo intenté. Pero cada vez que empezaba las Avemarías, mi mente se iba directo a ti. No dejaba de imaginar tu cara, o tus manos, o tu voz diciéndome lo guarra que soy.Se acercó más a la celosía. Elías pudo olerla de nuevo, es
Last Updated : 2026-10-06 Read more