La lluvia martilleaba contra las finas ventanas del asqueroso apartamento de una sola habitación de Freya Lang. Era poco después de la medianoche y la electricidad había parpadeado dos veces ya. Todo el edificio olía a moho y comida para llevar rancia.A los 25 años, Freya había tocado fondo con fuerza. Despedida de su trabajo de camarera hacía dos semanas, tarjetas de crédito al límite, aviso de desahucio pegado a la puerta, y su familia finalmente la había cortado para siempre. Sin dinero, sin futuro, nada que le quedara excepto el viejo libro encuadernado en cuero que había robado de aquella rara tienda de antigüedades.Se arrodilló sobre la alfombra sucia en medio del salón, vestida con una camiseta holgada y bragas. Las velas ardían en un círculo torcido a su alrededor. Había dibujado el pentagrama con su propia sangre de un corte en la palma, tal como decía el libro. Los símbolos se veían chapuceros a la luz de las velas, pero ya no le importaba. La desesperación se había comido
Zuletzt aktualisiert : 2026-10-18 Mehr lesen