Alba no abrió la memoria hasta que Pradas llegó. Blanca esperó frente al escritorio, con las manos juntas sobre las rodillas y una rigidez en la mandíbula que Alba conocía demasiado bien. De niñas, su hermana ponía esa misma cara cuando sabía que había hecho algo incorrecto y todavía estaba decidiendo si confesarlo o construir una versión más conveniente.—¿Quieres estar mientras la revisamos? —preguntó Alba.—Sí.—No tienes que hacerlo para demostrar nada.—Quiero estar.Pradas conectó el dispositivo a un equipo aislado. La primera carpeta contenía correos de Victoria con consultores externos, instrucciones para retrasar documentos, notas sobre reputación y referencias a Marchetti. No había una confesión limpia ni una frase del tipo *destruyan a Alba*. Había algo más reconocible: decisiones pequeñas, redactadas con suficiente prudencia para parecer administrativas cuando se leían por separado. Juntas formaban un hábito.Victoria había usado información institucional para preparar ver
Última atualização : 2026-10-18 Ler mais