Gonzalo juró que había entregado las tres copias. Antes de la reunión, Alba lo había encontrado en el pasillo mirando el sector ennegrecido detrás de una mampara temporal. Él no parecía un hombre buscando perdón. Parecía un hombre haciendo inventario de una negligencia. —La asistente que llevó la tercera caja ya no trabaja aquí —dijo. —¿La llamaste? —Sí. Viene esta tarde. —Eso es mejor que decirme que lo lamentas. Gonzalo asintió. No intentó defenderse. La diferencia fue pequeña y, por eso mismo, Alba la creyó más. Durante meses su padre había tratado cada admisión como si nombrar tarde una falta pudiera recuperar el tiempo perdido. Ahora empezaba a entender que reparar también era hacer trabajo aburrido: buscar recibos, localizar personas, aceptar que una respuesta quizá lo dejara peor. Entraron juntos a la sala sin tocarse. Frente a Alba, Pradas y Diego, Gonzalo repitió la secuencia sin grandilocuencia, con el olor a humo todavía pegado a las paredes del edificio. —La de arch
Última actualización : 2026-09-25 Leer más