El jardín lateral, a esa hora, tenía esa luz sin temperatura todavía, ni fría ni cálida, que hacía que las cosas parecieran más reales de lo que serían a mediodía. Alba estaba ahí con una taza de café entre las manos, en el pasillo exterior entre la entrada de servicio y la terraza este que nadie en esa casa consideraba digno de ser visto. Grava clara, dos macetones con lavanda, el muro de adobe que daba a la calle. Por eso mismo le servía. Diego la encontró ahí, apoyada contra el muro de adobe, con la primera taza de un café que todavía no había terminado de despertarla del todo. Llevaba traje oscuro, lo cual significaba que había dormido poco o nada y que ponerse la armadura antes de tiempo le había parecido mejor que seguir despierto sin ella. —Hay algo que necesito decirte —dijo. Alba bebió café. —Adelante. —Los correos que usaron para acusarte no llegaron solos —dijo Diego—. Alguien los puso en el lugar correcto, en el momento correcto, con las fechas que necesitaban tener. Y
Última actualización : 2026-08-25 Leer más