Norberto Casals no pidió perdón. Alba agradeció que no lo hiciera. Las disculpas habrían ocupado un espacio que necesitaban para otra cosa. —Acepté dinero —dijo, con las manos sobre las rodillas—. La primera vez fueron ocho mil euros. Me pidieron que no registrara una consulta física a un activo retirado. La segunda, doce mil. Ahí entendí que ya no estaba vendiendo silencio. Estaba comprando miedo para mí mismo. Pradas no interrumpió. —¿Quién pagó? Casals abrió la carpeta. —Una sociedad pantalla. No encontré empleados, oficina ni actividad real. Solo movimientos. La transferencia llegó desde esa cuenta y, dos horas después, recibí instrucciones de Holgado desde un correo que desapareció del servidor al día siguiente. Diego tomó la hoja que Casals deslizó hacia él, pero no la acercó a sí mismo. La giró para que Alba pudiera leer al mismo tiempo. Una sociedad sin actividad real. Importe. Fecha. Código interno. —¿Guardaste esto dos años? —preguntó Alba. —Guardé una impresión. Porque
Última actualización : 2026-08-30 Leer más