La persecución duró quince minutos y terminó sin sirenas. El coche que vigilaba a Renata entró a un estacionamiento subterráneo. Seguridad privada bloqueó la salida mientras policía, avisada desde el primer movimiento, entraba por la rampa contraria. El conductor resultó ser otro hombre, más joven. Treinta años, quizá menos. Llevaba un teléfono, dos tarjetas SIM y una fotografía impresa de Renata saliendo de la universidad con su hija. Alba llegó a la comisaría después de que Pradas confirmara que podían estar presentes como denunciantes. —No quiero verlo —dijo Renata. —No tienes que verlo. —Quiero saber qué llevaba. Pradas le entregó la lista. Renata leyó sin cambiar de expresión hasta llegar a la fotografía. —Eso fue ayer. —Sí. —Entonces conocían el nuevo piso y la universidad. Alba sintió la culpa intentar instalarse otra vez. Renata la vio. —Ni se te ocurra. —No dije nada. —Tu cara sí. Diego, al otro lado, casi sonrió. Alba lo fulminó con la mirada. La policía obtuvo au
Dernière mise à jour : 2026-09-11 Read More