—¡Habla, Erika, maldición! —gritó Domenic, perdiendo por completo la cordura en medio del pasillo.Erika cerró los ojos con fuerza, sintiendo que el peso de su secreto la aplastaba.—Hablemos, Domenic, pero en un lugar más privado —pidió por fin en un hilo de voz, sintiendo que el aire le faltaba en los pulmones.Al mirarlo directamente a los ojos, pudo ver una profunda decepción y un dolor punzante, esa vulnerabilidad que él solo le mostraba a muy pocas personas en el mundo—. Sígueme, por favor.La asistente caminó a pasos rápidos hacia el área de consultorios privados, deteniéndose frente a la puerta de su oncólogo.Al ingresar, el especialista se sorprendió de verla de regreso.—Señorita Erika, ¿se le ofrece algo más? —preguntó el médico, para luego fijar la vista en el hombre que venía tras ella—. Señor Villarreal, qué gusto verlo por aquíDomenic ni siquiera lo determinó; mantenía la mirada clavada en la espalda de Erika como una sentencia.—Doctor, por favor salga de su consulto
Última actualización : 2026-09-08 Leer más