Media hora después.Nueva Castilla, Casa Albornoz.Horacio Albornoz, presidente del Grupo Albornoz, observaba el informe de ADN que tenía frente a él. Sus ojos, siempre profundos y serenos, temblaron varias veces. Apoyándose en el bastón, intentó ponerse de pie una y otra vez, pero no lo consiguió.Marco, su secretario, también estaba visiblemente emocionado.—Señor Horacio, ya está confirmado. La señorita Belén es su hija biológica. Las bolsas de sangre ya fueron enviadas al hospital. Muy pronto estará fuera de peligro.El rabillo del ojo de Horacio se contrajo.—¿Por qué mi hija sufrió una hemorragia?Él y su esposa siempre habían tenido una excelente relación. Debido a problemas de salud, solo habían podido tener una hija. Cuando la señora Albornoz descubrió que la joven a la que habían criado durante más de veinte años no era su hija biológica, el golpe fue tan fuerte que sufrió una recaída de una antigua enfermedad.Antes de morir, sujetó con fuerza la mano de Horacio y le pid
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