Belén miró el milhojas de Terraza del Encino que Ezequiel acababa de llevarle y se dio cuenta de que, en efecto, ya tenía un poco de hambre.Así que no se hizo del rogar.—Gracias.Ezequiel no se atrevió a aceptar aquel agradecimiento y se apresuró a decir:—Mientras le guste, está perfecto. La última vez, el señor Víctor vio que no tocó el postre del restaurante, así que nos pidió que, de ahora en adelante, cada vez que salga, reservemos con anticipación un milhojas de Terraza del Encino.Aunque Belén sabía que Víctor hacía todo aquello por consideración hacia Horacio, aun así sintió una leve agitación en el corazón.Muy pronto agradeció todavía más haberse comido aquel postre.Porque veinte minutos después, durante el almuerzo, tuvo que sentarse junto a Horacio en la misma mesa que varias de las figuras empresariales más influyentes de Estrella Norte.Ni hablar de comer hasta quedar satisfecha.Solo mantenerse sentada durante media hora con todo el cuerpo en tensión ya resultaba agot
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