Llevábamos años juntos. Cada vez que le sugería ir al cine como cualquier pareja normal, ella entrelazaba su brazo con el mío y me convencía con voz dulce:—Vamos, Charles, ahora soy actriz. Si alguien nos toma fotos, mi carrera estará en peligro; incluso la prensa podría indagar en tu vida privada. No quiero que salgas perjudicado.Sin embargo, siempre que la vinculaban sentimentalmente con un actor o la fotografiaban de vacaciones con algún cantante, ella jamás lo aclaraba. Todas aquellas palabras dulces que me dedicó en el pasado me resonaban en los oídos. Con lo mucho que solía amarla, la burla resultaba aún más dolorosa.A mitad de la película, George se inclinó hacia el oído de Debbie.—Afuera está lleno de reporteros —dijo—. ¿Deberíamos irnos antes?—Nosotros nos iremos primero —respondió ella, mirándome—. Tú sal después.No pidió mi opinión, como siempre. Se fue junto a él, dejándome atrás. No le hice caso; me quedé en mi asiento y terminé de ver la película. No seguiría sufrie
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