Alejandro giró el rostro para mirarla y volvió a recordar la sonrisa que había visto en ella cuando iba sentada en la parte trasera del scooter eléctrico.Aquella sí había sido una sonrisa auténtica, radiante y llena de vida, sin el menor rastro de fingimiento.Muy distinta a la de ahora. Aunque parecía relajada, en realidad siempre se mantenía en tensión frente a él.Alejandro se recostó en el sofá y cerró los ojos.—Te creo. Voy a dormir un rato.Mariana bajó la mano.—¿No dormiste anoche?—No.La noche anterior, después de que Alejandro regresó al club privado, Valeria había seguido conversando con todos, todavía muy animada. Como nadie quería cortarle el entusiasmo, ninguno se marchó antes.Esa mañana, Alejandro había llamado a Ignacio para salir a comprar el desayuno. Solo quería despejarse un poco, pero no esperaba encontrarse con Mariana en el camino.Ella observó la incómoda postura de Alejandro en el sofá. No tenía espacio para estirar las piernas y las puntas de sus zapat
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