En el espejo, Alejandro estaba de pie detrás de Mariana.Su rostro atractivo tenía una ligera sonrisa. Sus ojos parecían cálidos y encantadores.Pero solo Mariana podía sentir la fuerza con la que él sujetaba sus hombros, y también podía ver la frialdad escondida en su mirada.Ella había sido quien, sin que Alejandro supiera nada, lo había involucrado en su vida por decisión propia.Que él no la hubiera culpado ya podía considerarse una muestra de tolerancia.Mariana le sonrió a través del espejo.—Si no quieres, no pasa nada.Después de todo, una relación como esa terminaría tarde o temprano cuando alguno de los dos perdiera el interés.Alejandro respondió con total franqueza:—No quiero.Él tenía que ser quien decidiera cuándo comenzaba y cuándo terminaba aquella relación.Mariana, en cambio, sintió cierto alivio.—De acuerdo. Entonces tú decides.Alejandro quedó satisfecho con su actitud.Ella era atrevida, pero también lo bastante inteligente.Aunque en el fondo no quisiera, para c
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