Alejandra volvió a llorar.—José, te fallé, pero no tenía otra opción. Santiago me chantajeó con mis fotos íntimas. Si no le hacía caso, las iba a subir a internet. En ese momento solo quería tener una relación con él, pero jamás me imaginé que fuera esa clase de persona. Ni siquiera he tocado el dinero que me diste; te lo voy a devolver todo.Apenas terminó de hablar, me devolvió los cincuenta mil dólares mediante una transferencia bancaria. Al ver el dinero reflejado en mi cuenta, sentí cierta satisfacción.Tras hacer la transferencia bancaria, Alejandra dejó el celular a un lado, se recostó sobre mi pecho y siguió llorando.Recostado en el sofá, me quedé mirándola sin decir nada. Sin embargo, mi cuerpo respondió sin disimulo a su contacto y se me secó la boca.—Te lo voy a compensar, mi amor.Dicho eso, me levantó la camisa y pegó sus labios a mi pezón. Me lamía, me succionaba y me rozaba despacio con los dientes.Aunque se sentía muy bien, seguí fingiendo que no me importaba. No te
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