Sofia FerrariEl día pasó arrastrándose, como si el tiempo estuviera atrapado en una realidad paralela donde los minutos duraban horas interminables, cada segundo pesando como plomo sobre mis hombros cansados. Pero, finalmente, el sol se puso y la noche dio lugar a un nuevo amanecer, trayendo consigo la promesa frágil de un recomenzar. Ya era el día siguiente, y yo todavía estaba allí, respirando, viva — y eso, por sí solo, ya era una victoria.Para mi sorpresa, nunca había dormido tan bien desde que papá y mamá se fueron, llevándose consigo toda la seguridad que yo conocía. En aquella cama extraña, en aquella casa de un hombre que no me quería, algo en mí encontró un descanso que no esperaba. Tal vez fuera el cansancio extremo, tal vez la exhaustación de tantos días de terror, o tal vez la certeza de que, por ahora, nadie vendría a lastimarme durante la noche. Con mis padres, incluso en la cama apretada que compartíamos, yo siempre dormía bien, envuelta por el calor del amor de ellos
Última actualización : 2026-10-10 Leer más