Su rostro no escondió el incómodo, una mueca de asco que pasó rápido, pero, sin discutir, cogió la pala y el balde, los dedos envolviendo el cabo con hesitación. Apunté con la cabeza.— La entrada es por allí.Ella apretó los dedos alrededor del cabo de la pala y me dio la espalda, caminando hasta la entrada del chiquero, sus pasos inciertos. Apenas entró, vi su cuerpo encogerse y una mueca surgir en su rostro cuando los cerdos comenzaron a moverse, incómodos con su presencia, gruñendo alto. Crucé los brazos, apoyando un pie en la cerca, la postura relajada, pero los ojos fijos en ella.— Si tienes miedo, puedes salir corriendo. No me importa ver a alguien asumiendo que no da cuenta del trabajo.Ella trago en seco y me lanzó una mirada determinada, un destello de desafío que me sorprendió.— Yo consigo hacer esto.— ¿Qué estás esperando?Ella puso el balde en el suelo, los ojos rápidos, pero perdidos, intentando entender por dónde comenzar, como si estuviera ante un rompecabezas. Se q
Last Updated : 2026-10-10 Read more