Estaba desesperada, pero no había nada que pudiera hacer en aquel momento. Llegué a pensar que Dante me llamaría inmediatamente para preguntarme por qué acababa de sacar treinta mil reales de su tarjeta, pero la llamada no llegó. Ningún mensaje, ninguna pregunta, absolutamente nada. Y, por extraño que pareciera, aquel silencio conseguía ponerme todavía más nerviosa.Cuando comenzaron las clases, entré en el aula buscando ya a Talita, pero no la encontré. Su sitio estaba vacío.—Hola, Fabi —me saludó una de mis compañeras, acercándose.—Hola.—¿Cómo estás?—Estoy bien. ¿Y tú?—Yo también estoy bien. —Se sentó a mi lado y me observó durante unos segundos—. Confieso que pensaba que estarías más afectada.Fruncí el ceño, sin entender a qué se refería.—¿Cómo que más afectada?—Pues… ¿todavía no te has enterado de lo de Talita?Al oír el nombre de mi examiga, me extrañé de inmediato.—¿Qué ha pasado?—Ha dejado temporalmente la universidad por la boda.—¿Cómo?—Vaya, pensaba que lo sabías.
Última actualización : 2026-09-23 Leer más