Me observó fijamente, como si necesitara confirmar mi postura.—Ustedes se conocen desde niños, mucho antes de que tú y yo empezáramos a salir. Además, el compromiso fue una decisión de ambas familias. No voy a meterme. —Puedes estar tranquilo: mi renuncia va en serio. No estoy celosa ni actúo por despecho.Martín quería decir algo más, pero Yolanda asomó la cabeza por la puerta de la oficina.—Martín, ¿dónde metiste mi ropa interior? La de encaje…Cuando nuestras miradas se cruzaron, fingió darse cuenta de que yo seguía allí y adoptó una expresión inocente.—Perdón, no sabía que seguías aquí. Martín y yo llevamos mucho tiempo conviviendo, por un momento, olvidé que aún eras su novia.No respondí y me marché de la empresa.***A la mañana siguiente, en cuanto supo que me habían dado de alta, mi madre me llamó.—¿Cómo te sientes, mi niña? Ya tengo mis años y solo quiero que regreses cuanto antes para hacerme compañía. Todos estos años has vivido a la sombra de Martín, sin que te diera
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