La chica ya no sabía cómo librarse de tanta insistencia. Entonces me vio, se alegró y corrió hacia mí.—En realidad soy lesbiana, me gustan las mujeres. Solo acepté verte porque creí que estabas presumiendo. ¡Mira, mi novia vino a buscarme!Se acercó a mi oído y susurró:—Amiga, hazme un favor.Y me dio un beso sonoro en la mejilla.—¿Ya viste? ¡Ja!Luego me tomó de la mano y salió corriendo conmigo. El chico se quedó ahí, aturdido, como si no entendiera qué acababa de pasar.Cuando estuvimos lejos, la chica me explicó lo que había pasado. Llevaba seis meses sin tener sexo y encontró en una aplicación de encuentros sexuales a un tipo con el alias “Pollón de doble cañón”. Creyó que solo la tenía un poco más grande de lo normal, así que quedaron en la arboleda de la universidad para darse con todo.Pero, al verlo, descubrió que era un monstruo. No solo tenía un tamaño exagerado, sino que además tenía dos miembros así de grandes.Al escucharla, se me secó la boca. Esa chica no sabía la su
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