En la voz de MAURO El dolor no vino en forma de punzada, sino como un martillazo sordo que retumbaba en las paredes de mi cráneo. Abrí los ojos, pero no hubo luz. La negrura era espesa, líquida, tan absoluta que por un instante temí haberme quedado ciego. El olor a tierra húmeda, polvo de concreto y hierro oxidado me invadió los pulmones de golpe, haciéndome toser. El eco seco de mi propia tos rebotó contra una superficie dolorosamente cercana, a pocos centímetros de mi rostro. Traté de incorporarme, pero mi cabeza chocó violentamente contra una pared de piedra helada sobre mí. Un gemido de dolor se me escapó de los labios. —¿Dónde...? —murmuré con la voz rota, rasposa. Estaba atrapado en un espacio confinado, estrecho, como una tumba de cemento. Con el corazón batiéndome en el pecho como un animal enjaulado, extendí la mano derecha a ciegas en la oscuridad. El piso bajo mi cuerpo era de gravilla y tierra suelta. Al mover la mano hacia la izquierda, mis dedos rozaron una t
Última actualización : 2026-09-27 Leer más