En la voz de ALEXANDRA El cristal blindado de la sala de conferencias privadas del penal no lograba sofocar el olor a humedad, humedad rancia y desinfectante barato que se me metía por las fosas nasales, quemándome el orgullo. Pero yo no estaba ahí para quejarme de la mugre. Mi abogado penalista, un hombre gris de traje milimétrico al que le pagaba una fortuna por no tener escrúpulos, mantenía la cabeza gacha, haciendo el papel de intermediario silencioso mientras el teléfono encriptado sobre la mesa emitía un zumbido seco. Al otro lado de la línea, en la prisión de máxima seguridad donde lo tenían custodiado tras el fiasco del secuestro del bastardo de Mateo, respiraba Gonzalo. Podía escuchar su respiración pesada, asmática, la de un animal acorralado que sabe que la carne se le está pudriendo en el plato. —¿Alexandra? —la voz de Gonzalo sonó metálica, rasposa, rota por las semanas de encierro—. Dime que esos infelices firmaron el recurso. Dime que me vas a sacar de esta cloac
ปรับปรุงล่าสุด : 2026-09-26 อ่านเพิ่มเติม