La luz de la madrugada, esa claridad gris y gélida que se cuela por las rendijas, no trajo consigo la paz que yo esperaba. Desperté antes que él, con el peso de la realidad cayendo sobre mis hombros como una losa de plomo. A mi lado, Liam dormía con una expresión inusualmente serena, una tregua que en él era rara de ver. Su mano aún descansaba, protectora y pesada, sobre mi vientre. Ese contacto, que hace unas horas me había parecido la máxima expresión de seguridad, ahora me provocaba una punzada de pavor.Me deslicé fuera de la cama con el sigilo de quien comete un delito. El aire del apartamento estaba cargado de los restos de nuestra noche: el aroma de su piel, el desorden de la ropa, los fragmentos del jarrón roto que seguían allí, testimonio mudo de nuestra falta de control. Me envolví en una de sus camisas, que me quedaba grande, y caminé hacia el ventanal del salón. La ciudad de Madrid empezaba a despertar, ajena a que, a pocos metros, mi mundo entero se estaba desmoronando ba
Última actualización : 2026-09-04 Leer más