El taxi me dejó frente al edificio de apartamentos en las afueras de Madrid, un lugar que mis amigas, Elena y Lucía, habían elegido por su cercanía con la academia de vuelo y, lo que era más importante para ellas, por la cantidad de bares "de moda" en la zona. Yo, sin embargo, solo quería un lugar donde poder desmayarme y olvidar que el Capitán Liam Anderson existía.Bajé del coche cargada como una mula de carga: mi maleta de mano rodaba por el suelo con un chirrido agónico, llevaba el bolso del uniforme al hombro, un paquete de café recién comprado en el aeropuerto y, por supuesto, una dignidad que colgaba de un hilo. Estaba agotada, física y mentalmente. Mis pies gritaban pidiendo auxilio tras horas de tacones, y mi mente seguía proyectando fragmentos inconexos de la noche en Los Ángeles, como una película de terror que se negaba a terminar.—Solo llega, Mía —me dije a mí misma, arrastrando los pies—. Entra, tira la ropa, báñate y duerme hasta que el mundo deje de girar.El vestíbul
Última actualización : 2026-09-04 Leer más