El ruido constante del aeropuerto, ese hormigueo de maletas arrastradas, anuncios de embarque y despedidas apresuradas, era, por lo general, mi zona de confort. Me encantaba mi uniforme. La chaqueta impecablemente cortada, el pañuelo al cuello, la sensación de pertenecer a un mundo que nunca se detiene. Pero hoy, ese mismo entorno se sentía como una jaula. El aire, que normalmente olía a combustible de aviación y a café recién hecho, me parecía viciado, pesado.Mis pasos sobre el suelo de mármol del hall principal eran mecánicos. Mi mente, sin embargo, estaba a kilómetros de distancia, varada en la penumbra de la habitación que había dejado atrás hace apenas unas horas. Las palabras de Liam todavía resonaban en mis oídos como una sentencia: Francesca. Ese nombre me quemaba, no solo por la supuesta infidelidad emocional que aquello sugería, sino por la extraña familiaridad que me provocaba. ¿Por qué ese nombre sonaba tan antiguo, tan cargado de una melancolía que yo no debería poseer?
Última actualización : 2026-09-04 Leer más