El calor de la habitación todavía vibraba en el ambiente, espeso y denso, impregnado con el aroma inconfundible de nuestra entrega, del sudor y del cuerpo de Sally lánguido y relajado sobre el mío. Tenía la cabeza de ella apoyada contra mi hombro, con su respiración volviéndose lenta y acompasada, mientras mis dedos trazaban círculos perezosos y constantes en su espalda desnuda. Las sábanas, hechas un bollo en el suelo, daban testimonio de la tormenta salvaje que acababa de arrasar con nuestras murallas.Por un instante, el silencio de la mañana fue un bálsamo. Pero los latidos de mi corazón, aún acelerados por la descarga de adrenalina, no tardaron en recordarme que con Sally nunca existían las treguas sencillas.—¿En qué piensas? —le susurré al oído, rozando con los labios la línea suave de su hombro.Sally se movió levemente sobre el colchón. Levantó la cabeza, apoyando la barbilla en mi pecho para mirarme con esos ojos oscuros que ahora mismo brillaban con una mezcla de recelo, ca
Última atualização : 2026-09-04 Ler mais