El aire de Caracas me golpeó como una bofetada cargada de humedad y recuerdos. Al cruzar las puertas de salida del Aeropuerto Internacional de Maiquetía, cerré los ojos con fuerza, como si al hacerlo pudiera borrar el eco de los últimos años pasados en el encierro de aquellos internados fríos. Allí, el tiempo se había medido en lecciones aburridas y soledad; aquí, en cambio, el tiempo parecía vibrar con un ritmo frenético que me sobrepasaba.Respiré hondo, llenando mis pulmones de un oxígeno que sabía a caos y a hogar. Al abrirlos, el brillo del sol caribeño, filtrado a través de los ventanales, me hizo entornar la vista. Estaba de vuelta. Mi abuelo ya no estaba, y esa realidad me pesaba en el pecho más que las maletas que arrastraba. Me sentí diminuta, una extraña en mi propia tierra.Bajé la mirada hacia mis manos, que apretaban con fuerza el asa de mi equipaje, y luego recorrí el resto de mi cuerpo. La inseguridad, una compañera constante y silenciosa, se asentó en mis hombros como
Última atualização : 2026-09-04 Ler mais